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Villa Rica: Tradición y Cultura Cafetalera

Despertar cada día en Villa Rica es sentir la vida en su máxima expresión. El aire fresco, el cielo luminoso que a veces se cubre de nubes densas y la sinfonía de aves que anuncian el nuevo amanecer son solo el preludio de lo que significa vivir en la cuna del mejor café del Perú. Desde temprano, el aroma a tierra húmeda y vegetación invade los sentidos, y basta con levantar la mirada para encontrarse rodeado de un paisaje verde y exuberante, una postal natural de 360 grados que define a la selva alta o Rupa-Rupa.

En este rincón del país, donde la naturaleza se impone con fuerza y belleza, nace una de las mayores expresiones de identidad, trabajo y orgullo: el café de Villa Rica. No se trata de cualquier café; es un producto que refleja la esencia de un pueblo apasionado, que ha aprendido a leer los caprichos del clima, a respetar la tierra y a combinar tradición con ciencia para producir tazas de calidad incomparable.

El origen de un café con carácter

Villa Rica, situada en la provincia de Oxapampa (Pasco), es reconocida como la cuna del café de especialidad peruano. Sus condiciones edafoclimáticas —la altitud, el suelo , la humedad constante, las lluvias generosas y la luz solar equilibrada— crean el entorno perfecto para el cultivo de cafés con perfiles sensoriales complejos y aromas extraordinarios.

Desde los 780 hasta los 1467 metros sobre el nivel del mar, los cafetales se extienden en armonía con el bosque. En las partes más altas, como en la finca de Activa Café, ubicada a 1700 m s. n. m., los caficultores desafían la niebla y la humedad para producir cafés con notas florales, dulces y cítricas, de cuerpo cremoso y persistente. Incluso en zonas más elevadas, cercanas a los 2300 metros, donde el cultivo se vuelve casi imposible por la humedad y el frío, el espíritu cafetalero sigue vivo.

Esta geografía diversa permite el cultivo de variedades exóticas como el Geisha, Bourbon, Caturra y Typica, que desarrollan matices únicos dependiendo del microclima. El resultado son tazas equilibradas con notas a chocolate, caramelo, frutos secos, flores y cítricos, características que han hecho famoso al café de Villa Rica en el mundo entero.

El alma cafetalera de un pueblo

En Villa Rica, el café no es solo un cultivo: es parte del ADN de su gente. Desde hace más de un siglo, las familias cafetaleras transmiten de generación en generación el amor por esta planta. Cada finca es un legado, cada cosecha una historia, y cada taza una celebración.

Los villarricenses son conocidos por su pasión, disciplina y orgullo. Para ellos, cultivar café no es solo un trabajo, es una vocación. Se levantan antes del amanecer, caminan entre neblina y canto de tucanes, revisan cada brote, cada floración, cada cereza. Saben que el secreto de un buen café está en los detalles: en la poda oportuna, el control de sombra, el cuidado del suelo, el manejo de fermentaciones y secados, y sobre todo, en el amor con que se trabaja la tierra.

Esa dedicación ha llevado a que Villa Rica obtenga la quinta Denominación de Origen otorgada por INDECOPI, un reconocimiento que garantiza la autenticidad y calidad de su producto. Pero más allá de los sellos y premios, el verdadero orgullo está en el lema que une a todo el distrito:

“Villa Rica, el café más fino del mundo.”

No es una frase publicitaria. Es una verdad que los villarricenses sienten en la piel, una afirmación que cobra vida en cada feria, en cada taza compartida y en cada exportación que lleva el nombre de Villa Rica a los mercados más exigentes del planeta.

Innovación y sostenibilidad: el futuro del café villarricense

La historia del café en Villa Rica no se detiene en la tradición. Es también un ejemplo de innovación, sostenibilidad y adaptación al cambio. Aquí, los cafetaleros no solo conservan lo aprendido, sino que lo perfeccionan.

En los últimos años, productores y cooperativas han incorporado técnicas modernas de fermentación controlada, secado solar, compostaje orgánico y selección manual, todo con el objetivo de mantener el equilibrio entre calidad, productividad y respeto por el medio ambiente. También se experimenta con procesos Honey, Natural y Lavado, que revelan nuevas dimensiones sensoriales en cada variedad.

Villa Rica se ha convertido en un laboratorio vivo de conocimiento, donde el aprendizaje fluye entre generaciones. Se estudian suelos, microclimas, y se trabaja en el mejoramiento genético de variedades resistentes y de alta calidad. Además, se fomenta el uso de máquinas creadas por técnicos locales: despulpadoras, lavadoras, clasificadoras y secadoras que optimizan los procesos y elevan la competitividad de los pequeños productores.

En este ecosistema de innovación también destacan los tostadores locales, verdaderos artistas del tueste, quienes aplican curvas de calor precisas para resaltar los atributos de cada lote. Gracias a ellos, el café de Villa Rica se transforma en una experiencia sensorial completa, lista para conquistar paladares exigentes en cualquier parte del mundo.

Activa Café: orgullo de Villa Rica

Entre los protagonistas de esta historia destaca Activa Café, una marca que representa el espíritu emprendedor y la excelencia de los cafetaleros villarricenses. Con años de experiencia y pasión por la calidad, Activa Café combina tradición, conocimiento técnico y compromiso ambiental.

En el año 2019, Activa Café obtuvo la Medalla de Oro en la categoría “Redondo y Equilibrado” en el prestigioso concurso de la AVPA (Agence pour la Valorisation des Produits Agricoles) en París, Francia. Este reconocimiento internacional confirma la calidad de los cafés que se cultivan en Villa Rica y refuerza la reputación de la región como productora del mejor café del Perú.

Pero más allá del premio, este logro simboliza el esfuerzo colectivo de toda una comunidad. Activa Café no solo representa un producto, sino una filosofía: trabajar con responsabilidad, innovación y orgullo local. Sus cafés Honey, Natural y Geisha son reflejo de ese compromiso con la excelencia, cada uno con un perfil sensorial distinto, pero unidos por una misma raíz: Villa Rica.

Un legado que florece

Cada taza de café de Villa Rica lleva consigo una historia de trabajo, esperanza y amor por la tierra. Desde los cafetales que crecen entre neblina y canto de aves, hasta las manos que seleccionan cada grano, el café villarricense es una expresión viva de una cultura que no deja de reinventarse.

Por eso, cuando bebas una taza de Activa Café, no solo estás disfrutando de un café de calidad excepcional, sino que estás siendo parte de una tradición centenaria, de un territorio que vibra con el orgullo de ser la cuna del café más fino del mundo.

Villa Rica no es solo un destino.
Es una experiencia, una historia viva que sigue floreciendo taza a taza, finca a finca, generación tras generación.

Credito: Carlos Tito Amésquita 05/11/2025

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